¡De 10! : bienvenidos a casa

16 dic

aspectazo

Lo de pedir hamburguesas se había convertido en una suma de pequeños desastres a cada cual mayor. Tres intentos y en todos los casos resultado fallido. El primero consistió en transportarla desde un local que nos pilla relativamente cerca de casa andando, pero por el camino todo decidió perder calor de forma uniforme y a la hora de comerlas el resultado dejó mucho que desear.

Visto lo visto, en el segundo intento confiamos en una cadena que presume de servicio a domicilio y lo que nos llegó a casa poco o nada se parecía a lo prometido: muestra de lechuga, tomate de referencia y una hamburguesa que parecía haberse dejado caer desde un tercer piso junto a unos aros de cebolla que creo recordar que se podían hacer globos con ellos.

Y la tercera fue la más decepcionante, un pedido a una de nuestras hamburgueserías favoritas a través de una de esas aplicaciones que presumen de llevarte la comida a casa y lo único que consiguieron es que un pedido realizado a las 21:45 llegase a las 00:00 en un estado lamentable tras miles de excusas y ninguna solución. Visto lo visto, lo de comer hamburguesa a domicilio se había convertido en un imposible…

… hasta que se nos ocurrió probar ¡De 10! (C/ Gonzalo de Córdoba 5, Madriz). Buenas críticas leídas, una amplia variedad de hamburguesas con tres tipos de carnes, perritos  de esos que dicen “cómeme” y entrantes apetecibles fueron el reclamo, aunque éramos muy conscientes de la diferencia existente entre comer una rica hamburguesa en el local y su versión terrible en casa (Jekyll y Hyde con semillas de sésamo). Descolgamos el teléfono y cruzamos los dedos deseando que esta vez fuese la buena.

El resultado fue un pedido que llegó puntual, unas hamburguesa con aspecto inmejorable y unos aros de cebolla que nos miraban a los ojitos y que una vez probados, nos hicieron llorar de alegría: estaban calentitos y crujientes. La primera prueba había sido un éxito así que picamos las patatas gajo con idéntico resultado: ¡ricas!. Una vez superados los dos primeros obstáculos con nota alta, procedimos a dar el primer mordisco a la perfecta hamburguesa y nuestras papilas gustativas hicieron la ola: buena temperatura, punto excelente y sabor rico, ese ¡de 10! era más que merecido. Está claro que han dado con la tecla para que sus pedidos viajen por las calles de Madriz y lleguen a casa con la sensación de que el viaje les ha afectado más bien poco, adiós al jet lag gastronómico.

Desde aquella noche, bienvenidas sean sus hamburguesas a nuestra casa.

¿Con quién ir? no hace falta, vienen a casa.  ¿por cuánto? de 15 a 25 euros y con ofertas variadas en sus redes sociales que incluye cerveza gratis si las utilizas para reservar. Así sí.

Adiós tristeza

13 nov

Enrique

“Nunca se recibe sin dar nada a cambio,
yo daría mi vida por dormir en tus brazos.” 

-Enrique Urquijo-

Cada año esperaba que se publicase un nuevo disco suyo, ya fuese con su banda de siempre o con los Problemas. El mismo día del lanzamiento me plantaba en la tienda y con lo ahorrado salía con el disco en la mano, quitaba el plástico y lo abría, leyendo de camino a casa las letras de canciones que podía haber o no escuchado todavía.

Cuando llegaba a mi casa, daba lo mismo lo que estuviese puesto, yo me hacía dueño y señor del equipo de música. Colocaba el vinilo en el plato (con los primeros discos), o esperaba a que el lector de CD’s me dijese que ya estaba preparado. Leía las letras a la vez que escuchaba las canciones y me quedaba con fragmentos que yo no habría sido capaz de decir, pero sí de sentir.

En todos sus discos tenían una o dos canciones que, hasta hoy, todavía no me he cansado de escuchar. Contaba cosas que a mí me habían pasado y cómo me había sentido entonces, y me alegraba saber que alguien entendía mi tristeza a través de la suya, y la compartía conmigo.

Le escuché muchas veces en directo. Algunas veces me defraudó y me sentí como alguien al que le falla un amigo de toda la vida, pero cuando lograba conectar con el público, te olvidabas de los malos tragos pasados.

Conciertos en el “Caledonia” (ya desaparecido), en la “Sala Maravillas”, en el “Rincón del Arte Nuevo”… sitios pequeños donde la gente que estaba allí,escuchándole, sabía que había mucho más que Déjame y Sobre un vidrio mojado, que el tipo delgado de la guitarra acústica, tras cantar sobre alguien que tenía que empezar a cambiar de planes, podía bromear con una camarera o defender a un par de chicas de unos pesados que no sabían dónde estaban, ni quién les estaba diciendo que para charlar era mucho mejor darse un paseo por la calle Luchana.

Se fue de mala manera, y tardé algun tiempo en perdonar la forma, sin despedirse. Sentí rabia por darle argumentos a todos aquellos que le tachaban de triste (como si eso fuese un defecto), y que ahora le echaban en cara que siempre cantaba la misma canción.

Pasé algún tiempo sin poner sus discos, las radios se ocupaban de eso. En algunos casos eran homenajes sentidos y en otros eran obligados, pero uno de los más grandes fue uno espontáneo, en un bar de Madrid: cuando estaban a punto de cerrar, empezaron a sonar sus canciones, una tras otra, y la gente que quedaba se puso a cantar. Llegó la hora marcada por la intransigencia municipal y una canción quedó partida, pero nadie se movió del sitio, y los que estaban allí cantaron la canción sin música, como si de un concierto se tratase. Una vez acabada, todos brindamos por él.

Se fue y me nos dejó la canción que es el tema principal de la banda sonora de la vida que comparto con quién me ha dado lo mejor que nos ha pasado. Fueron muchos años después de su despedida y la escuchamos juntos para quedárnosla. Enrique tenía razón: continuará

 

Aquellos* días de septiembre

1 oct

nonos Viernes 12 a las 18.24, llegaste y aunque venías avisando desde hacía 9 meses, aún no éramos conscientes de lo que se nos avecinaba. Nos miraste sin vernos y te vimos para no olvidarte. Te dejaron en la habitación para que aprendiésemos a ser padres habiéndolo sido ya, dueños de un carnet que te dan sin haber practicado ni un solo minuto y que dura toda la vida. Así empezaron aquellos días que cambiaron nuestro mundo y dieron comienzo al tuyo. Seguir leyendo

Yakitoro: el más listo de su clase

4 sep

YakitoroEn un Madrid donde cada vez hay más sitios donde comer a muy alto nivel y un precio en consonancia (con mucho bluf bendecido inexplicablemente por la red), se podía esperar que Alberto Chicote tirase por ahí y no: ese ha sido su primer acierto. Seguir leyendo

La felicidad desde la barrera

25 jul

VIFREE JR

 

Ya son más de siete meses siendo testigo privilegiado del cambio que se está produciendo y cambiará el resto de nuestras vidas. Seguir leyendo

Restaurante Ponzano: el Gran Tapado

15 jul

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Hay que reconocer que la calle Ponzano está en un momento dulce en lo que a hostelería se refiere: bares de cañas de toda la vida comparten acera con recién llegados, pizzerías de nueva hornada se inauguran frente a asiáticos molones, locales vacíos se convierten en bares llenos ¿algún día seré capaz de recorrerlos todos y cada uno de ellos sin morir en el intento?. Seguir leyendo

San Sebastián, un año más

27 jun

20140627-085131-31891895.jpgPrincipios de los noventa, un autobús lleno de testosterona y jugadores de rugby viaja rumbo a San Sebastián. Una vez allí, mis mayores preocupaciones serían jugar frente a la UPV en el miniestadio de Anoeta, plantar cara a unos tipos nacidos en la línea de 22, aguantar un tercer tiempo que duró varios partidos, bailar el siqui-sumba (a que no te quitas eso, a que no, no te lo quitas) delante del equipo femenino sin provocar demasiadas risas, acabarme un katxi de un trago o beber en el intento y conseguir unos vaqueros de repuesto para sustituir a los que había roto jugando al rugby en la Concha.

Pasan los años y nos plantamos a comienzos del siglo XXI. Un joven creativo vuelve a Donosti a disfrutar del que será su primer festival de publicidad. Un viaje con todos los gastos pagados, el ego en su punto álgido, reencuentros de facultad, campañas premiadas que no recuerdo, pájaros en la cabeza, restaurantes y sidrerías, cena en el María Cristina y una pieza a concurso que no merece la pena pero que es el billete de ida a una barra libre de pintxos, zuritos, copas y gastos que justificar. Habría otros festivales allí pero nunca igualaron al primero, es lo que tiene hacerse mayor en el mundo de la publicidad.

Y hoy vuelvo, en un viaje en la que para mi es la mejor compañía posible, a la misma ciudad pero con otros ojos. Saliendo con 40 y volviendo un año más viejo y tal vez un poco más sabio o menos tonto, a disfrutar de un paseo por la parte vieja esperando que al doblar una esquina, me encuentre con los tipos que algún día fui y decirles que al final no lo hicimos tan mal, mirarán a mi mujer y sonreirán.

 

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