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Fismuler: un nuevo significado para el término comer bien

1 Jul

fismuler

fismuler

  1. Del verbo fismulear.
  2. Nuevo giro gastronómico de Nino Redruello y Patxi Zumárraga.
  3. El primo extranjero de esa gran familia formada por La Ancha, Las Tortillas de Gabino y La Gabinoteca.
  4. Calle Sagasta, 29 (Madriz).
  5. Local que únicamente por su espacio y diseño hay que conocer.
  6. Platos que huyen de los fritos para centrarse en el sabor y el producto donde la guarnición siempre es verde.
  7. Carta cambiante y sorprendente.
  8. Carta de vinos que rompe con lo habitual.
  9. Restaurante con platos como la crema fría de tomate que es una bendición con este tiempo, el steak tartar es sencillo, sabroso y picante, las mollejas de ternera glaseada que destierra para siempre la mala fama de la casquería para los no iniciados, sardinas en ensalada ricas, lubina confitada para perder el sentido y un cabecero de ibérico con albaricoques como platazo estrella.
  10. Comer una versión de la tortilla que le hacía su abuela al cocinero.
  11. Conseguir que personas que nunca piden postre acaben tomando tres en forma de torrija jugosa, imprescindible tarta de queso para rematar con unas sorprendente y deliciosas fresitas del bosque con crema y chantilly.
  12. Allí donde el servicio de la mesa es excepcional.
  13. Los que huyen del “borreguismo”.
  14. Nueva forma de “cenar con música y velas”.
  15. Sitio al que ir y volver.
  16. Comer bien. Muy bien.

 

 

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Kitchen 154: zampar, tapear, beber y bailar*

17 Jun

Kitchen154Sus Korean BBQ ribs. Recuerdo perfectamente la primera vez que las probé, ese sabor, la impresionante salsa, su textura, todo ello en un ambiente de cocina callejera, una especie de StreetXO a pie de calle, con cocineros gamberros, musicón de los 80 instalado, en el Mercado de Vallehermoso. Acababa de descubrir Kitchen 154.

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Sacha es Sacha

3 Dic

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¿Obvio? no tanto.

Sacha

El restaurante. Local de la vieja escuela con 16 mesas y lleno hasta la bandera. Servicio amable y atento. Recomendado por los mejores cocineros de esta bendita ciudad y gente de buen comer. Para empezar unas ostras escabechadas que saben a gloria cuya receta se remonta a siglos, unos berberechos ricos que han vivido estupendamente en aguas gallegas junto a sus primas las almejas que también son de nota alta. Seguimos con unas “cocochas a la importancia” que se comen con la manos y no se olvidan jamás, un jurel que de elegante parece una merluza de pincho pero con menos aires. Seguimos con unos níscalos con patatas y salsa de mantequilla que me hacen reconciliarme con la seta que menos me gusta y enfilamos la recta final con redoble de tambores: “tortilla vaga” de boletus y papada ibérica que reconforta el espíritu y alma, steak tartar que nada tiene que ver con ninguno de los probados anteriormente y que es un delito y la traca final, en forma de tuétano acompañado de solomillo (y no, no es una errata) que es untuoso, sabroso, delicioso y que para nuestra tristeza se acaba muy pronto. Para rebajar, una tarta que bautizan como dispersa y que es el contrapunto perfecto a tanta cosa rica, con lascas de queso y un sabor que te reconcilia con la humanidad.

Sacha

El cocinero. Brutal, extremo y sincero, su patria es Euskádiz. Hace que una magnífica cena se convierta en algo irrepetible con su sola presencia, su amor hacia el producto, hacia la cocina, hacia los chascarrillos gruesos, hacia el trato con el comensal al que convierte en complice de todo lo que sucede. Acaba sentado en nuestra mesa, su presencia impone y cruzas los dedos para que aguante un poco más contando recetas, compartiendo opiniones, siendo honesto y radical con su punto de vista sobre el mundo de la gastronomía, porque como dice él “comer en mi restaurante no es solo comer”. Y desde aquella increíble cena, no puedo más que darle la razón. Y las gracias.

Lakasa: a la segunda vencieron

13 May

Apetecible velada

Dicen que la primera impresión es la que cuenta, menos mal que no me hice caso.

Debo de reconocer que la primera visita que hicimos a Lakasa (Raimundo Fernández Villaverde 26, Madriz) no fue lo esperado, tal vez leímos mucho sobre ese local que no llevaba mucho abierto y del que todo el mundo hablaba maravillas y fuimos hipermotivados (eso que llaman un hype) y es bastante posible que nuestra elección de los platos no fuese la adecuada, que los astros se alineasen malamente o vete tú a saber que, pero salimos bastantes tibios del sitio ¿eso era todo?, y ahí lo dejamos. Sigue leyendo

Yakitoro: el más listo de su clase

4 Sep

YakitoroEn un Madrid donde cada vez hay más sitios donde comer a muy alto nivel y un precio en consonancia (con mucho bluf bendecido inexplicablemente por la red), se podía esperar que Alberto Chicote tirase por ahí y no: ese ha sido su primer acierto. Sigue leyendo

La Lechería: un cuento antes de Navidad

4 Dic

La Lechería al anochecer

El Cuento de la Lecher(í)a

“Érase una vez hace ya algunos años un grupo de amigos un fin de semana en León. Tocaba empezar a disfrutar y la mejor forma era hacerlo en forma de estupenda cena, así que dirigidos por uno de ellos que de esos menesteres y esa tierra sabía más que mucho, se plantaron en La Lechería, una Posada Real en Val de San Lorenzo, en plena maragatería. La noche era fría pero las luces de la calle daban sensación de calidez y una pizca de magia.

Entraron los amigos con más hambre que vergüenza (de lo segundo algunos siempre han tenido más bien poca) y se sentaron en la mesa redonda por donde desfilaría durante unas horas, un menú largo y rico, acompañado del primer contacto de algunos con los vinos del Bierzo (denominación de origen que después se volvería un fijo en las preferencias de todos ellos).

Según transcurría la cena a dos carrillos, entre chascarrillos y cacharrillos, uno de ellos (soltero de serie) tal vez influido por el ambiente o por el cuarto vino que caía, se imagino allí, acompañado de una estupenda mujer (puestos a pedir) pasando un fin de semana de esos que los románticos llaman románticos y el resto también. Sería en invierno, pasearían por las calles del pueblo al anochecer, tomarían algo en el pequeño bar del pueblo, amanecería el día frío y despejado, amanecerían juntos para compartir calor y…

Cuando se quiso dar cuenta el vigésimo séptimo brindis le saco de su mundo y le devolvió a la mesa y él tan feliz.

Pasaron los años y nuestro soñador, recién casado con una estupenda mujer (se cumplió lo que pidió) y buscando un fin de semana para desconectar, propuso volver a ese sitio que hace años decidió que tendría que volver. Al llegar les esperaban esas farolas cálidas y mágicas que tan bien recordaba.

Vivieron ese paseo al anochecer, esos vinos en el bar del pueblo, una cena inolvidable: coca con boletus y foie que les puso los pelos como escarpías, garbanzos fritos con gambas de llorar, cochinillo deshuesado que aún recuerdan con alegría por su increíble textura y todo ello acompañado, como no, de vino del Bierzo. Disfrutaron de la hospitalidad de María y Rubén, de sus desayunos caseros que hacían que el despertar fuera despacio y a gustito, de Quintanilla y la soledad bonita de sus calles, de Astorga con su chocolate y cecina (juntos pero no revueltos), de silencios cómodos, de mantas que a unos pican y otro no, de hacer realidad ese cuento de La Lecher(í)a que dejo de ser sueño para hacerse realidad, una increíble realidad”.

la lechería al amanecer

Royal Cantonés: el chino real

14 Nov

royal cantones en platos

Mi gran amigo David Rojo llevaba meses insistiendo que teníamos que ir y nos habíamos resistido: “es un chino-chino”, nos decía como argumento poderoso. Como nos fiamos mucho de él, cedimos y nos plantamos en el Royal Cantonés (Olvido 92, Madriz) en pleno barrio de Usera, preparados para dar la vuelta a las ideas preconcebidas y precocinadas.

Olvídate del arroz tres delicias, los rollitos de primavera y el cerdo agridulce y dale la bienvenida (con gran ovación) a la cazuela de tendón de ternera, los intestinos con puerros, los canelones de lomo de cerdo al vapor, las patitas de pollo, la panceta de cerdo asada, las manitas de cerdo crujiente, el pato asado o al codillo de cerdo. Puede que en principio pueda resultar complicado pero una vez dejas de lado los nombres y te centras en probar lo que tienes delante, el viaje es increíble y la felicidad inmensa. Plato tras plato te sorprendes de los sabores y texturas que van desfilando delante de tus occidentales ojos y tu paladar agradece que tu cerebro se haya olvidado (para siempre) de lo que pensabas hasta ese momento.

Empezad con los tendones y las manitas (así a poquitos os irán ganando), seguid arriesgando que hay mucho y bueno para elegir y cerrad con las tartaletas de huevo, que será cuando este chino-chino de Usera os habrá ganado para siempre.

¿Con quién ir? amantes del buen comer que quieran arriesgar que después se convertirán en embajadores de este restaurante ¿por cuánto? ¡20 euros por 11 platos! tenemos que volver ya.

(Por cierto, cuando digo que es real, es por esto y por esto otro).

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