Dos años después

12 Sep

pablo

Han pasado dos años ya, se dice pronto (yo he tardado menos de un segundo y medio en decir esa frase en voz alta). Dos años de ese bendito viernes  en el que, como buen hijo de autónomo, decidiste tocar la puerta una vez finiquitada la jornada laboral. Nos habían dicho que esperásemos a la semana siguiente pero después descubrimos que era una mentira en modo de pronóstico piadoso, no querían que los nervios se concentrasen en menos horas. Tu madre y yo nos lo tomamos con falsa calma, recogiendo las cosas para dirigirnos al hospital como tantas veces habíamos planeado: bolsa con tus cosas, las de tu madre, las mías, cargador de móvil, cámara de fotos, ganas, miedos, esperanzas y un pijama, que las visitas no se asusten.

Cogimos un taxi como habíamos previsto, hasta ahí todo bien, exceptuando que a escasos 100 metros estuvo a punto de darse un golpe con otro coche por eso de dar dramatismo al momento y tener más cosas de las que escribir. Después del incidente que quedó en nada, confirmamos que el conductor no tenía muy claro ni donde iba ni el estado en el que se encontraba tu madre. Una vez que llegamos allí (a un par de manzanas nos dejó) respiramos hondo y entramos.

Una enfermera confirmó que ese fin de semana no hiciésemos planes, que parecía que te tocaba hacer tu entrada triunfal y allí nos quedamos. Una vez instalados confirmé la suerte que tenías/teníamos con la madre/mujer que compartimos: calma y chascarrillos para llevar mejor el momento. Cuando empezaste a sentirte impaciente os llevaron a los dos para preparar la llegada. Debo confesarte, que esos minutos interminables solo en la habitación fueron los momentos donde mis nervios decidieron campar a sus anchas. Una vez volvisteis, actúe como si nada, a pesar de que había recorrido en círculos una distancia similar a 300 campos de fútbol (si eso es una unidad de medida).

Poco después aparecieron para ir rumbo a la sala de partos, así que para allá que fuimos. Mientras que me vestía adecuadamente para el momento de tu llegada (gorro, bata y demás complementos verde hospital) tu madre hacía el trabajo más difícil. Cuando llegué a su lado hicimos piña y traté de darle ánimos de la mejor manera posible.

Y llegaste rápido, muy rápido, con los ojos abiertos, nos miraste sin vernos y desde ese preciso instante todo cambió para siempre. Ya han pasado dos años y sabemos que es y siempre será así. Y nos encanta.

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