La Tasquería: casquería muy bien servida

19 jun

Captura de pantalla 2015-06-19 a las 13.25.23 Me gusta la casquería mucho, pero mucho mucho: los callos (de mi suegra, de la abuela de mi amigo Alberto o de la Ancha), la oreja (El Perchas de Logroño era un imprescindible), el morro, la careta… y podría seguir así un rato. Puede que una vez llegados a este punto, decidas que este post no va contigo, que esas cosas gelatinosas con salsa espesa no son para ti, espera un poco a ver si te convenzo porque puede que haya un sitio donde la veas con otros ojos y te dejes llevar para descubrir todo lo que te estabas perdiendo, se trata de La Tasquería (Duque de Sesto 38, Madriz) el sitio donde los apasionados disfrutamos y los que no lo son, se convierten.

Antes de pedir:

Llegamos allí un sábado antes de las dos de la tarde sin reserva: una pareja con un carrito. Sabíamos que podría ser complicado pero lo intentamos, uno de los camareros nos buscó un sitio donde estar cómodos los tres y se lo agradecimos. Al rato un mensaje de unos amigos nos dice que se apuntan con su hija así que informamos al camarero y nos busca una mesa donde entrar todos, de paso le decimos que por favor espere para tomar nota a que estemos todos: una estupenda sonrisa y un “sin problema” fue su respuesta.

Parece que iba acercando la hora de pedir cuando ¡sorpresa! otra amiga se apunta, así que necesitamos una silla más y esperar. Otro de los camareros nos comenta que de acuerdo. Respiramos tranquilos.

La situación parecía controlada hasta que de nuevo una llamada de otra pareja nos confirma que van también para allí. Ya no sabemos donde meternos mientras nos esperan para pedir la comanda “vamos a ser dos más” decimos casi en voz baja mientras me hago pequeñito, como respuesta, otra sonrisa conciliadora y una mesa más a nuestro lado para entrar todos.

Llegaron las dos últimas personas (ultimas de verdad), por fin estábamos todos sentados y no nos lo podiamos creer (me da a mi que ellos tampoco). Una vez nos tomaron nota, todo fue agradecimientos hacia ellos y su ENORME PACIENCIA. Si ahora la comida estaba buena, nos habían ganado para siempre…

Después de pedir:

Y así fue. Empezamos con las croquetas de ropa vieja, diferentes y cremosas, después el sandwich de carrillera potente y sabroso para seguir con las alitas para chuparte los dedos repetidas veces, continuar con la tarrina de foie intensa, después las alcachofas con crema de foie (pausa dramática) increíbles con una textura que te hacía llorar y un sabor de ponerte los ojos del revés, llegaron después las mollejas de cordero que alcanzaban su punto óptimo al mezclarse con el huevo a baja temperatura, las crestas de gallo con langostino con ese punto picante que te da la vida y para rematar… (esto merece su propio espacio), los callos.

Los callos, la piedra de toque de cualquier amante de la casquería, odiados por muchos y admirados por otros que así tocamos a más, ese plato que necesita tener un trozo de pan como imprescindible escudero, que te deja los dedos pringosos como un Spider-Man aficionado, que rebañas como si no hubiese mañana, conclusión: no podían faltar. Nos dicen que están numerados del 1 al 5 respecto al picante y solo con eso, casi me hacen llorar de alegría, para los menos atrevidos pedimos un 1 y para los expertos un 4 y entonces llegaron… aquí empieza una ovación cerrada de esas que el público se pone en pié y mira a su alrededor alucinado pensando que ya lo había probado todo, pero no es así, esa salsa ligera a la vista que una vez metes el pan se convierte en densa, untuosa, rica, deliciosa a la que añades un poco de esa carne gelatinosa y tu paladar explota ¿de lo mejores callos de Madriz? lo afirmo.

Y una vez terminamos, con un par de advenedizos de la casquería convertidos por obra y arte de Javi Estévez y su equipo, nos fuimos los nueve de paseo por el Retiro. Madriz sigue su romance con la casquería.

¿Con quién ir? Amantes de la casquería y aquellos que no los son pero no les importa darla una oportunidad.  ¿por cuánto? entre 30 y 40 euros.

Lakasa: a la segunda vencieron

13 may

Apetecible velada

Dicen que la primera impresión es la que cuenta, menos mal que no les que hice caso.

Debo de reconocer que la primera visita que hicimos a Lakasa (Raimundo Fernández Villaverde 26, Madriz) no fue lo esperado, tal vez leímos mucho sobre ese local que no llevaba mucho abierto y del que todo el mundo hablaba maravillas y fuimos hipermotivados (eso que llaman un hype) y es bastante posible que nuestra elección de los platos no fuese la adecuada, que los astros se alineasen malamente o vete tú a saber que, pero salimos bastantes tibios del sitio ¿eso era todo?, y ahí lo dejamos. Seguir leyendo

Dos niñas

27 mar

ellas

Dos niñas, una marroquí y otra española, hace cinco minutos no se conocían de nada. La primera llega cuando la segunda está plácidamente pintando con su pequeño universo perfectamente organizado. Durante unos minutos que para un adulto podrían ser horas, las dos permanecen en silencio hasta que algo tan universal como dibujar en un papel acaba siendo el punto de conexión de ambas que sin estridencias ni palabras grandilocuentes comparten para hacer más divertido el momento. Con colores, ideas, flores, coronas, varitas y conversaciones entre las dos la mañana transcurre plácidamente.

Y después no hacemos mayores y tontos

El Escaparate: honestidad brutal

27 feb

carne y punto

Puede que pases al lado El Escaparate (María Panés 6, Madriz) y no te des ni cuenta de lo que ahí dentro se esconde: pocas mesas, no abre los fines de semana y para las cenas es necesario reservar antes.

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Abrir para cerrar

4 feb

cierra esta tiendaAblación.

1. Acción y efecto de cortar, separar, quitar.

2. f. Der. Sacrificio o menoscabo de un derecho.

3. Separación o extirpación de cualquier parte del cuerpo.

Puede resultar contradictorio pero ese es el objetivo final de la primera tienda que abre para cerrar, una acción de World Vision que busca ayudar a las niñas que están en riesgo de sufrir la mutilación genital femenina en Malí.

250 artículos, 250 niñas. Cada vez que alguien se lleva uno de los productos de esta tienda, apadrina a la pequeña que está unida al mismo y entra a formar parte de su historia para hacerla más feliz, así de sencillo. Diferentes marcas han cedido sus artículos (Rita Von, Lomography, Wood Mood…) y jóvenes ilustradores su arte (Estela Pérez, Miriam Martínez, Coco La Coquette y Asier Armendareiz) para hacer realidad este objetivo, además durante la semana habrá talleres y conciertos para pequeños y no tan pequeños.

La tienda está abierta hasta el sábado 7 domingo 8 de febrero, así que ya ha llegado la hora de dejar de leer, abrigarte y acercarte a la calle San Vicente Ferrer 33 (Madriz), por cierto, que te pille lejos o el frío te haga perezoso no es excusa, puedes entrar en cierraestatienda.com para ayudar desde casa.

¿Nos ayudas a echar el cierre? #stopablacion

¡De 10! : bienvenidos a casa

16 dic

aspectazo

Lo de pedir hamburguesas se había convertido en una suma de pequeños desastres a cada cual mayor. Tres intentos y en todos los casos resultado fallido. El primero consistió en transportarla desde un local que nos pilla relativamente cerca de casa andando, pero por el camino todo decidió perder calor de forma uniforme y a la hora de comerlas el resultado dejó mucho que desear.

Visto lo visto, en el segundo intento confiamos en una cadena que presume de servicio a domicilio y lo que nos llegó a casa poco o nada se parecía a lo prometido: muestra de lechuga, tomate de referencia y una hamburguesa que parecía haberse dejado caer desde un tercer piso junto a unos aros de cebolla que creo recordar que se podían hacer globos con ellos.

Y la tercera fue la más decepcionante, un pedido a una de nuestras hamburgueserías favoritas a través de una de esas aplicaciones que presumen de llevarte la comida a casa y lo único que consiguieron es que un pedido realizado a las 21:45 llegase a las 00:00 en un estado lamentable tras miles de excusas y ninguna solución. Visto lo visto, lo de comer hamburguesa a domicilio se había convertido en un imposible…

… hasta que se nos ocurrió probar ¡De 10! (C/ Gonzalo de Córdoba 5, Madriz). Buenas críticas leídas, una amplia variedad de hamburguesas con tres tipos de carnes, perritos  de esos que dicen “cómeme” y entrantes apetecibles fueron el reclamo, aunque éramos muy conscientes de la diferencia existente entre comer una rica hamburguesa en el local y su versión terrible en casa (Jekyll y Hyde con semillas de sésamo). Descolgamos el teléfono y cruzamos los dedos deseando que esta vez fuese la buena.

El resultado fue un pedido que llegó puntual, unas hamburguesa con aspecto inmejorable y unos aros de cebolla que nos miraban a los ojitos y que una vez probados, nos hicieron llorar de alegría: estaban calentitos y crujientes. La primera prueba había sido un éxito así que picamos las patatas gajo con idéntico resultado: ¡ricas!. Una vez superados los dos primeros obstáculos con nota alta, procedimos a dar el primer mordisco a la perfecta hamburguesa y nuestras papilas gustativas hicieron la ola: buena temperatura, punto excelente y sabor rico, ese ¡de 10! era más que merecido. Está claro que han dado con la tecla para que sus pedidos viajen por las calles de Madriz y lleguen a casa con la sensación de que el viaje les ha afectado más bien poco, adiós al jet lag gastronómico.

Desde aquella noche, bienvenidas sean sus hamburguesas a nuestra casa.

¿Con quién ir? no hace falta, vienen a casa.  ¿por cuánto? de 15 a 25 euros y con ofertas variadas en sus redes sociales que incluye cerveza gratis si las utilizas para reservar. Así sí.

Adiós tristeza

13 nov

Enrique

“Nunca se recibe sin dar nada a cambio,
yo daría mi vida por dormir en tus brazos.” 

-Enrique Urquijo-

Cada año esperaba que se publicase un nuevo disco suyo, ya fuese con su banda de siempre o con los Problemas. El mismo día del lanzamiento me plantaba en la tienda y con lo ahorrado salía con el disco en la mano, quitaba el plástico y lo abría, leyendo de camino a casa las letras de canciones que podía haber o no escuchado todavía.

Cuando llegaba a mi casa, daba lo mismo lo que estuviese puesto, yo me hacía dueño y señor del equipo de música. Colocaba el vinilo en el plato (con los primeros discos), o esperaba a que el lector de CD’s me dijese que ya estaba preparado. Leía las letras a la vez que escuchaba las canciones y me quedaba con fragmentos que yo no habría sido capaz de decir, pero sí de sentir.

En todos sus discos tenían una o dos canciones que, hasta hoy, todavía no me he cansado de escuchar. Contaba cosas que a mí me habían pasado y cómo me había sentido entonces, y me alegraba saber que alguien entendía mi tristeza a través de la suya, y la compartía conmigo.

Le escuché muchas veces en directo. Algunas veces me defraudó y me sentí como alguien al que le falla un amigo de toda la vida, pero cuando lograba conectar con el público, te olvidabas de los malos tragos pasados.

Conciertos en el “Caledonia” (ya desaparecido), en la “Sala Maravillas”, en el “Rincón del Arte Nuevo”… sitios pequeños donde la gente que estaba allí,escuchándole, sabía que había mucho más que Déjame y Sobre un vidrio mojado, que el tipo delgado de la guitarra acústica, tras cantar sobre alguien que tenía que empezar a cambiar de planes, podía bromear con una camarera o defender a un par de chicas de unos pesados que no sabían dónde estaban, ni quién les estaba diciendo que para charlar era mucho mejor darse un paseo por la calle Luchana.

Se fue de mala manera, y tardé algun tiempo en perdonar la forma, sin despedirse. Sentí rabia por darle argumentos a todos aquellos que le tachaban de triste (como si eso fuese un defecto), y que ahora le echaban en cara que siempre cantaba la misma canción.

Pasé algún tiempo sin poner sus discos, las radios se ocupaban de eso. En algunos casos eran homenajes sentidos y en otros eran obligados, pero uno de los más grandes fue uno espontáneo, en un bar de Madrid: cuando estaban a punto de cerrar, empezaron a sonar sus canciones, una tras otra, y la gente que quedaba se puso a cantar. Llegó la hora marcada por la intransigencia municipal y una canción quedó partida, pero nadie se movió del sitio, y los que estaban allí cantaron la canción sin música, como si de un concierto se tratase. Una vez acabada, todos brindamos por él.

Se fue y me nos dejó la canción que es el tema principal de la banda sonora de la vida que comparto con quién me ha dado lo mejor que nos ha pasado. Fueron muchos años después de su despedida y la escuchamos juntos para quedárnosla. Enrique tenía razón: continuará

 

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