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Pan de lujo: dámelo y dime listo

8 May

patetesPan: blanco, de leña, de queso, de aceite, de tomate, de cebolla, de hogaza, brioche, de centeno, con aceitunas…

De lujo: la decoración, la iluminación, los patos gigantes, los tomates semisecos (impresionantes), la terrina de foie sobre sobaos pasiegos (en serio, no me he vuelto loco, desde esa noche imprescindibles), el revuelto de carabineros (sabroso), la tarta de queso y jengibre (ricaaaaaaa), las raciones generosas para compartir con los que tengas la fortuna de disfrutar la mesa, el servicio agradable, el ambiente, su precio más que razonable.

Pan de lujo (Jorge Juan 20, Madriz) se acaba de convertir, por derecho propio, en uno de esos sitios que hay que repetir para seguir descubriendo todo lo que ofrece su carta y confirmar que esta antigua fábrica de pan es un lujo al alcance. Así da gusto enfilar la primavera.

¿Con quién ir? con tu pareja, con amigos, de noche ¿por cuánto? de 35 a 45 euros sobre todo si eres de los que piensan que compartir es vivir (y probar)

La Gabinoteca: comer, vivir, divertirse, disfrutar, ir, repetir…

29 Ene

ya lo dicen: comer y vivirComer: gorgonzola con pan de especias.

Vivir: queso fuerte que acompaña a un pan dulce, destapar el tarro.

Comer: dim sum de arroz a la cubana.

Vivir: cuando el viernes volvías del cole y tenías arroz con tomate y huevo frito (poco hecho en mi caso) y lo revolvías todo. Un mordisco a la nostalgia.

Comer: El potito de huevo, patata y trufa.

Vivir: ese ¡pop! de algo envasado al vacío, el aroma de la trufa, la primera cucharada en la que no mezclas, la segunda en la que sí, la cara de disfrutar mucho.

Comer: ravioli meloso con foie a la plancha.

Vivir: un sabor potente y rico que se deshace al tocarlo.

Comer: papada ibérica y humo.

Vivir: una caja de latón que recuerda a la que usábamos para guardar nuestros secretos, que esconde humo y una carne deliciosa.

Comer: hamburguesa de tartar de carne roja con pan de queso.

Vivir: una increíble vuelta a un concepto que parecía agotado y que aquí está más que bueno.

Comer: Nino Redruello al frente de la cocina.

Vivir: un apasionado de lo que hace, que te transmite el orgullo de pertenecer a una (gran) familia del mundo de la hostelería con La Ancha y Las Tortillas de Gabino a sus espaldas (junto a los suyos), que le gusta sorprender y divertir al que viene y que en algún lugar de su cabeza esconde su siguiente proyecto al que dará vida y en el que dará de comer sorprendiendo.

Comer: en La Gabinoteca (Fernández de la Hoz 53, Madriz).

Vivir: una experiencia divertida y diferente, a precios más que buenos, donde cada plato tiene su gracia desde el nombre a cómo te lo comes, la carta de vinos es un juego, un sitio en el que se toman muy en serio eso de divertirse, vivir y comer.

Martes y 13 en la cocina

13 Nov

Este post no va de las empanadillas de Móstoles, pero casi. Va de 13 maldiciones que te puedes encontrar a la vuelta de cualquier bar de tapas, gastrobar o restaurante que se considere molón y son síntomas inequívocos de mala suerte:

1) La cabra representa al anticristo:  su leche en forma de rulo se usa hasta el infinito en canapés, ensaladas, filetes, foie, pinchos, otros pinchos, más pinchos…

2) La dulce cebolla que hace llorar: si algo no tiene excesivo sabor metamos un poquito de cebolla caramelizada por aquí, otro poquitín por allá y hasta en el postre, que le da un toquecillo diferente a todo.

3) La increíbles mini hamburguesas crecientes: abres la carta y las hay a decenas ¿a decenas? ¡que dices! a cientos… me quedo corto ¡a miles! con interminables e inimaginables combinaciones que superan la imaginación del más osado.

4) El buey que se multiplica: ¿en serio hay tanto buey en España para tanto entrecot, hamburguesa, carpaccio, chuleta o steak tartar?

5) La multiplicación de los panes y los peces atunes ¿rojos?: el pescado que cambia de color una vez lo ponen en la mesa.

6) El agua que se convierte en vino y el vino que se convierte en oro: 2 copas de vino que te cuestan lo que la botella y las sirven que parecen que están vacías.

7) ¡Pan! esto es un atraco: cuatro trozos de pan correoso, unas aceitunas y los cubiertos se pagan aparte, como las maletas de RyanAir.

8) La mesa llena: te traemos lo que habéis pedido de golpe a ver como os organizáis para que os entre todo y no se os enfríe nada ¡pardillos!.

9) El foie que era micuit, el micuit que era paté y el paté que era Apis: todo esto a precio del primero.

10) La reducción de PX: un buen chorretón para juntar el rulo de cabra, la cebolla confitada y el ¿foie?.

11) Soy camarero y no estoy aquí para servirte: pues eso, que te habías creído.

12) Soy camarera y no estoy aquí para servirte: pues eso… y además estoy estupenda.

13) Entrar en un sitio que tengan las 12 primeras y encima haya una actuación en forma de travesti sin gracia… ¡ZAPE!

Alfredo´s Barbacoa: la belleza está en el interior

20 Sep

La primera vez que entré en el Alfredo´s  de Lagasca 5, no podía ni imaginar lo que me esperaba en ese local «pequeño y no muy glamouroso» : la mejor hamburguesa de Madriz.

Que si, que es cierto que la del New York Burguer está muy buena, que en la Vaca Picada son muy variadas, que el Peggy Sue’s es muy bonito, que el Tommy Mel’s recuerda a Pulp Fiction… pero la BLT del Alfredo’s tiene algo especial: no sé si serán los vídeos de música country que te acompañan durante la comida, el aspecto del plato a rebosar de patatas fritas, su ensalada de col, sus imprescindibles aros de cebolla para acompañar, sus pequeñas mesas o la despreocupada presentación de su deliciosa hamburguesa de cebón con sabor a brasa lo que me tiene ganado, pero sea por uno de esos motivo o por todos, mi número uno lo tengo claro.

En una época en la que las hamburgueserías se han convertido en los nuevos japos, Alfredo´s sigue siendo Alfredo´s.

(he dejado fuera al Don Oso por jugar en otra liga y ser un clásico de Chamberí: me podría la nostalgia)

Por cierto, gracias a Dani/Marvin por su foto

Arzábal: LA TABERNA

13 Sep


Una buena taberna es aquella que vas con tu gente, te dan los buenos días al entrar, el trato es cercano y profesional, el producto de temporada, tiran bien las cañas, hay buenos vinos, las raciones son variadas, tienen pocas mesas pero bien puestas, comes bien, te sientes como en casa y sabes que volverás pronto, ya sea a barra o a salón. Todo eso y un poco más es Arzábal (Doctor Castelo 2 – Menéndez Pelayo, 13 / Madriz).

Una taberna que ha crecido y ahora son dos (a escasos metros una de otra), donde te reciben siempre con una sonrisa, los productos de temporada marcan la carta (la última vez no pudimos disfrutar de su increíble carpaccio de boletus y sus alcachofas fritas así tendremos que esperar unos meses y volver), la caña es de Mahou y la oferta de vinos tanto en copas como en botella es apabullante.

Mesa reservada con unos días de antelación y una vez sentados mira a ver que te apetece, eso si, para que la espera sea más llevadera mientras decidís que queréis, un poco de mantequilla marca de la casa. ¿Ya tienes claro que pedir? no mientas, no sabes si tirar por las croquetas de ibéricos o las de boletus, si steak tartar o espeto de sardinas. ¿Tomate laminado? es temporada. Pensáis en aprovechar la opción de las medias raciones pero aún así se os acumulan las posibilidades. Alguien sugiere que las anchoas y otro que no estaría nada mal el salteado de arroz con aroma de trufa. ¿Patatas a la importancia? comentas, pero uno que consideras tu amigo hasta ese día contraataca con la ensaladilla. Todos de acuerdo en el lomo de carne roja ¿verdad? y así hasta que lográis llegar a un acuerdo y pedís. Ahora toca decidir el vino (o que os recomienden alguno, así acabáis antes) y empezar a disfrutar… eso si, atendidos por unos camareros jóvenes que son de lo mejor que he visto en mucho tiempo*.

Una vez hayáis arreglado el mundo (o casi) apetecerá tomar una copa tranquilamente en la mesa o si es por la noche, el Arzábal de Menéndez Pelayo cierra más tarde que su hermano mayor (aunque más pequeño en tamaño): es lo que tiene ser más joven. Seguramente allí, apoyados en un coche o charlando con algún cliente verás con sus camisas blancas, vaqueros y barba de cuatro días a Iván y Álvaro, las mentes pensantes de todo esto, que se mueven entre un local y otro para ver que tal va todo.

«Dentro de un año veremos que se nos ocurre hacer» nos dice Álvaro «y aquí estaremos» pensamos sin dudarlo, porque nos gusta lo que es y representa Arzábal: La Taberna con mayúsculas.

¿Con quién ir? con tu gente  ¿por cuánto? alrededor de 40 euros pero siempre puedes pasar por allí y tomarte una aperitivo, que no está nada mal.

* (me declaro fan total de la camarera que nos atendió, pero por desgracia no le preguntamos su nombre).

Sylkar: ¿la mejor tortilla de patatas de Madrid?

3 Jul


Amanece en Madrid, es sábado y por delante nos espera un día azul de esos bonitos (invierno o verano, da lo mismo).

Apetece desayunar fuera de casa, apetece desayunar salado y si tienes suerte como es mi caso, muy bien acompañado.

Las gafas de sol, paseo tranquilo mientras vemos que los kioscos van recibiendo a los primeros clientes y el solecito recarga las pilas.

Llegamos al Sylkar (Espronceda 17, Madriz) y allí está la dueña con esa sonrisa perenne. Das los buenos días tanto a ella como al resto de los parroquianos y  te acomodas en una de sus tres mesitas.

Pides un par de pinchos de tortillas con ¿un café? ¿un zumo? ¿una coca-cola zero? lo que te apetezca, y al rato aparece esa maravilla amarilla poco cuajada, acompañada de su pedazo de pan con la promesa de que esta vez volverá a estar igual de rica o mejor que la última vez que la probaste.

Llega ese primer pedazo que sabe a gloria, lo acompañas con la sonrisa de quién te acompaña porque piensa exactamente igual que tú y siempre, la primera frase después de volver a probarla hace referencia a lo buena que está hoy.

Entonces la conversación gira en torno a otras cosas, tonterías, recuerdos de la noche anterior o tal vez abres uno de los periódicos que tienen y comentas no se qué cosa y el desayuno transcurre plácidamente como deben de transcurrir los desayunos cuando amanece en Madrid un día azul de esos bonitos y te apetece desayunar fuera con la mejor compañía que has tenido la suerte de tener.

Y entonces es cuando tengo que decir que para mi, la tortilla del Sylkar es la mejor tortilla de Madrid.

Una hora antes

22 Jun

-¿A qué hora has reservado?

– A las tres.

– Perfecto, pues nos vemos a las dos por allí.

Que levante la mano quién crea que esa no es la mejor manera de comenzar una velada perfecta, una comida entre amigos, una cena de pareja, una barbacoa en la sierra.

Llegan las dos en el bar de al lado, en la barra del restaurante, en el jardín de tus amigos. Y llegas tú, solo o acompañado, esperas mucho o son puntuales pero llegan, a pocos o de golpe.

– Ponme una par de cañas para los que acaban de entrar.

– ¿Te pido un blanco?.

– ¿Para quién era el vermut?.

– He abierto un par y están heladas.

Y se reparten besos, apretones de manos, abrazos, un guiño, cientos de sonrisas y otra ronda para los últimos a la que se apuntan los primeros.

– Así que todo bien…

– … mira el que siempre llega tarde.

– La verdad que me apetecía un montón venir a este sitio.

– Total, que hemos dejado a la peque con los abuelos.

Y te ríes, escuchas, te cuentan, preguntas, saludas, vuelves a sonreir, alguien te ve mejor que hace un tiempo, tu amiga te presenta al novio del que tanto te había hablado, enseñas unas fotos de los sobrinos, te enseñan las suyas, alguien pide ronda, otro mira el reloj y recuerda que hay que estar ya.

– Vamos que la mesa era para las tres.

– ¿Quién ha pagado?

– Te cojo el bolso.

– Vamos preparando los aperitivos.

Y marcháis pero esto no ha hecho nada más que empezar. Quedan muchas más sonrisas, elegir un vino, contar anécdotas mil veces repetidas, compartir postres, conversaciones, pedir esa copita bien puesta, ser feliz por estar bien acompañado…

Porque de eso se trata, de compartir buenos momentos con la buena gente que te apoya en los malos y saber que cuanto antes empiecen más los vais a disfrutar.

– Así que… ¿os parece que quedemos una hora antes?

Ceuta: al sur del sur

18 Jun

Para ser sincero Ceuta nunca había sido mi primera opción para seguir viajando por España. Tampoco la segunda. Ni la tercera. Ahora que la conozco, he corregido mi error porque Ceuta merece la pena.

Cruzar el estrecho en ferry dejando Gibraltar a la izquierda. Llegar al puerto y que un taxista en un viejo mercedes no se quite la sonrisa ni al bajar las maletas. Pasear por sus calles y descubrir una ciudad pequeña y amable. Observar que están rodeados de playas por un lado y de Marruecos por otro. Coger otro taxi y que mantenga la sonrisa. Escuchar en parte de los ceutíes su acento entre marroquí y gaditano, con las erres de los primeros y la gracia de los segundos. Cenar en el Oasis y disfrutar de pinchos morunos, berenjenas confitadas, cus-cus… mientras el dueño te cuenta un chiste digno de Chiquito. Acabar la velada con un té moruno y unas vistas de lujo. Amanecer y navegar alrededor de la ciudad para descubrir que han aguantado asedios y más asedios en nombre de la corona para que al final casi les tengamos olvidados. Darte un chapuzón en el agua salada del parque marítimo del Mediterráneo para estar fresquito para la noche. Ver atardecer en el Cielo brindando por la boda de unos amigos. Volver al hotel acompañado de la calima que juega con las luces de las farolas. Amanecer y ver que la amabilidad y la sonrisa no es cosa de dos días. Escuchar a un taxista decir con orgullo que aquí viven en armonía cristianos, hebreos, musulmanes e hindúes pero eso si, todos ellos bajo la soberanía española. Embarcar de nuevo y dejar Gibraltar a la derecha. Pensar que Ceuta merece otra visita. Pensar que Ceuta merece, y mucho, la pena.

Rice Bar La Bomba o cómo comer arroz rico en Chueca

7 Jun

Habéis oído hablar del mercado de San Antón, su amplia variedad de todo a precios un poco elevados, sus puestos con pescados y carnes dignas de pasarela, sus tapas de mírame y no me comas ¿no? sabéis a que sitio me refiero ¿verdad? perfecto, porque un poco más arriba, en la acera de enfrente está el restaurante del que me gustaría hablar: el Rice Bar La Bomba.

Según entras una pequeña barra para tomar esa primera cerveza/vino que merece cualquier buena comida (el cocktail de bienvenida de las buenas veladas gastronómicas, del que hablaré pronto del que ya he hablado)  y al lado un pequeño salón (pequeño quiere decir que reserves mejor antes de ir porque entran como 20 personas) te espera.

Os hablaría de su carta pero fuimos perezosos y decidimos que eligiesen por nosotros y la verdad que acertaron. Nos hablaron de dos/tres entrantes pero como somos así decidimos que fuesen cuatro, eso si, regados con una dos botellas de cava. Primero la ensaladilla de la que hablaban maravillas (estaba muy rica, pero son tantas las mejores ensaladillas de Madrid que tampoco fue extraordinaria). Después los ganadores de la velada: ostras diablo (recordarlas trae grandes recuerdos) y tartar de salmón (slurp, slurp) para rematar con butifarra blanca de los hermanos Rovira que despertaron discrepancias entre los comensales (yo un poco a favor).

Y ahora pasamos a los arroces, la especialidad del local (¿alguien dudaba con ese nombre?). Nos sacaron dos tipos y acertaron en ambos: arroz con bogavante (sabroso) y arroz con secretos ibéricos en sartén del que me declaro fan absoluto. Para rematar de postre,  la pavlona en su versión fría mmmmmmm

Si hay que poner alguna pega, sería el ruido constante por ser un salón tan chiquito y tener al lado una mesa de seis tipos que querían compartir su conversación con el resto de la gente a base de gritos (que tranquilidad cuando marcharon) y la sensación de presión  por parte de los camareros de que no hiciésemos sobremesa (no nos dijeron nada pero esas cosas se notan).

Un sitio que merece la pena repetir para confirmar las buenas sensaciones que nos dejó y probar algunas de las cosas que nos dejamos en la carta (después me enteré que tanto las ostras como el tartar de salmón forman parte de la nueva ampliación de la carta para la noche).

¿Con quién ir? con los muchachos, pequeños grupos de amigos  ¿por cuánto? entre 35 y 45 euros.

Por cierto, después fuimos a ese mercado molón del que hablaba al principio y nos quisieron meter de rondón en la cuenta un mojito y una Coca-Cola que no habíamos pedido… pues eso

Tondeluna: más allá de la Laurel

3 May

Logroño es sinónimo de buen comer, buen beber y mejor compañía. También es más que la Laurel (ya le dedicaré un post más adelante que se lo merece y mucho) y para demostrarlo, que mejor sitio que Tondeluna (Muro de la Mata 9, Logroño) de Francis Paniego y su mujer Luisa Barrachina.

Ubicado bajo los soportales del Espolón, nada más llegar te das cuenta que allí dentro te espera algo especial. Decoración minimalista y mesas corridas para compartir son lo primero que te encuentras, así que acomódate, no te preocupes por quién se siente a tu lado porque va a disfrutar al igual que tú, abre la carta, empieza a salivar y prepárate para tomar decisiones serias porque no vas a saber que dejar fuera. ¿La mejor opción? tienen un menú degustación para dos a 25 euros por persona que incluye cinco platos a elegir de toda la carta y dos postres que te puede ayudar con tus decisiones, eso si, como estamos en la Rioja, habrá que acompañar con un buen caldo de su carta de vinos o puedes… (expectación) traerte el vino que quieras de casa que no te cobrarán ni el descorche (aplauso cerrado).

Caviar de vino tinto sobre crema de patata, las croquetas que mi madre nos enseño a hacer (bendita Marisa Sanchéz, madre del chef  y alma del Echaurren), Huevo 65º con pimientos de cristal, las patatas bravas homenaje a Sergi Arola, el arroz ligado a modo de rissotto con láminas de sepia y trufa (preparar los pañuelos), pan de cristal con solomillo, panecillos al vapor con hamburguesa de solomillo (salivando estoy), secreto de ibérico a la plancha, pastel de chocolate con helado de café y aceite de oliva, torrija tostada… son algunas de mis recomendaciones que espero que sean más la próxima vez que pase por allí, eso sí, después de tomar un vino (o dos) en la Laurel.

¿Con quién ir? con amigos y con quién tenga la fortuna de compartir la silla de al lado ¿por cuánto? entre 30 y 40 euros

Y ahora pasen y vean…

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