Lakasa: a la segunda vencieron

13 May

Apetecible velada

Dicen que la primera impresión es la que cuenta, menos mal que no me hice caso.

Debo de reconocer que la primera visita que hicimos a Lakasa (Raimundo Fernández Villaverde 26, Madriz) no fue lo esperado, tal vez leímos mucho sobre ese local que no llevaba mucho abierto y del que todo el mundo hablaba maravillas y fuimos hipermotivados (eso que llaman un hype) y es bastante posible que nuestra elección de los platos no fuese la adecuada, que los astros se alineasen malamente o vete tú a saber que, pero salimos bastantes tibios del sitio ¿eso era todo?, y ahí lo dejamos.

Pasaron los meses y gente a la que tenemos en mucha estima personal y gastronómica nos insistía que debíamos volver y nos miraban con cara de “¿seguro que fuisteis a Lakasa?”, así que mi mujer decidió que era hora de volver y comprobar si estábamos equivocados.

A los cinco minutos de estar allí y después de un trato exquisito con nosotros, llegó César Martín, el cerebro de todo esto y tras nuestros antojos y sus recomendaciones cerramos lo que íbamos a pedir que gracias a que se pueden pedir medias raciones, fue mucho y variado.

Llegaron el aperitivo, las croquetas de calçots , buñuelos de Idiazabal y después de los primeros mordiscos, mi mujer y yo nos miramos y dijimos ¿dónde demonios estuvimos aquella noche?. El espectáculo continuó con los tartares de corvina (delicioso) y de gamo picante (ese saborcito ahumado me acompaña y no lo quiero perder nunca). Llegaron las untuosas revolconas con mollejas que fueron una fiesta intensa, la tierra VS mar (liebre y lamprea) sabroso empate de ambos y para rematar, la ya mítica tabla de quesos afinados de la que no voy a hablar mucho porque ya se encargará Marco Masolini de explicaros de que se trata con esa pasión y sonrisa que contagia al llegar a la mesa. Respecto a los vinos, la carta no es la típica y lo mejor es dejarse aconsejar porque te pueden descubrir pequeñas joyas a muy buen precio.

Al acabar tuvimos la suerte de que pasó de nuevo César Martín por nuestra mesa para preguntarnos qué tal y en un arrebato de sinceridad le contamos cómo fue nuestra primera y fallida visita. La conversación que derivó de allí nos demostró que estábamos ante un apasionado de la gastronomía, un gran cocinero y un tipo encantador. Quedamos en volver pronto para probar su steak tartar (sólo los sábados a mediodía) y su solomillo wellington (los domingos) porque ahora esa segunda visita era la que contaba y mucho. Hay que volver a Lakasa*, las segundas impresiones impresionan.

*Ironías de la vida, unos días después volví allí con unos amigos y variando algunos platos el resultado fue de nuevo espectacular.

¿Con quién ir? con quién disfrute comiendo.  ¿por cuánto? entre 40 y 50 euros con la maravillosa posibilidad de pedir medias raciones y así hacer que el placer dure más.

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