Cuarentañeros

5 Mar

Han SoloLos miércoles son los nuevos jueves, la carrillera es el nuevo steak tartar, el vodka el nuevo gin-tonic y por qué no, los cuarenta los nuevos treinta.

Ya van unos cuantos meses viviendo por aquí y voy descubriendo cosas que en nada se parecían a lo que yo había imaginado hace años, cuando pensaba en esta edad y la siguiente palabra que me venía a la cabeza era “señor mayor” acompañado del tratamiento de “usted”, ¿los motivos? a saber:

El síndrome de Peter Pan que muchos vivimos ha hecho el mismo efecto que la carbonita en Han Solo: puede pasar el tiempo pero nosotros nos seguimos viendo igual.

La famosa crisis de los 40 no nos la podemos permitir, así que tendrá que esperar al menos a los 50.

– El abanico de la edad de amistades y compañeros de trabajo es enormemente amplio: pueden ir desde los veintipocos a los cuarenta y muchos, y casi nunca llegamos a ser conscientes de la edad de ninguno hasta que nos dicen el año en que vinieron al mundo.

– Los 80 se pusieron de moda y eso unió a varias generaciones que siguen adorando los Clicks de Playmobil Famobil que te regalaban en reyes y ahora compras en el mercado de Fuencarral en un arrebato de nostalgia.

– Los amigos ya son “de toda la vida”. Ellos no cambian, nosotros tampoco.

– Estarás soltero, casado, con novia, sin hijos, con ellos… da igual, cuando te juntas con tu gente el estado civil es “feliz”.

– Siempre hay unos padres o unos hermanos que te recuerdan que sigues siendo pequeño y aunque les digas lo contrario, en el fondo se lo agradeces.

Nuestras abuelas eran abuelas y ahora lo son nuestras madres, que no se parecen en nada a lo que uno espera de alguien que tiene nietos.

– Tal vez nuestra vida social se haya visto reducida pero basta que un día nos demos un homenaje para que nuestros genes más fiesteros se hagan con el descontrol y nos lleven a noches que recordaremos mucho a partir de la mañana siguiente. Además hay bares cómplices que siguen poniendo exactamente las mismas canciones y eso nos ayuda a mimetizarnos mejor con el ambiente.

– A veces al beber un buen whisky, resta los años y recuerda que demonios hacías tú por aquel entonces, el viaje merecerá la pena.

– El cuerpo te puede pedir reinventarte de nuevo: no te das un capricho, cubres una necesidad.

Y lo más importante, no queremos ser ejemplo para nadie porque eso es de señores mayores y nosotros no lo somos.

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