Cómo sobrevivir a los 515 niveles del Candy Crush y no morir en el intento

9 Ene

This is the endEn serio, nunca me llamó demasiado la atención este juego. Yo era feliz con mis Angry Birds y sus diferentes versiones. Me lo instale casi por obligación (una novia tiene capacidad de convencerte de eso y más) y jugaba de vez en cuando con aire de arrogancia “¿y esto que gracia tiene si son caramelos y gominolas que desaparecen?” decía.

Pasaron los días y poco a poco me fue enganchando esa musiquita empalagosa y repetitiva que seguía sonando en mi cabeza una vez acabadas las cinco vidas. Cada vez que escuchaba “¡Delicious!” o “¡Sweet!” una media sonrisa aparecía en mi cara sin ser consciente que su adictivo y dulce veneno se iba introduciendo poco a poco en mis venas y además ¡era gratis!.

Los niveles iban cayendo y todo parecía fácil hasta que se acabo lo que se daba: fin de trayecto, última estación de tren aunque después se vislumbraban infinitas pantallas. Si quería seguir necesitaba pases en Facebook o pagar, aguante el tipo unos meses semanas días horas minutos y ahí estaba arrasando la última barricada defensiva, conectando la red social a este demoníaco juego. 

La espiral continúo y empezó al pique con el resto de adictos a los caramelos, los niveles diseñados por el mismo Calatrava Belcebú donde dejaba vidas y vidas durante semanas me atormentaban a la hora de dormir, soñando que los superaba y una vez que amanecía, seguía allí anclado ¡nooooooo!

Tal vez me quité horas de lectura, de siesta, ande por la calle ensimismado mientras quitaba gelatina y evitaba (o no) los temible bolardos, perdí un par de dioptrías, pero daba igual porque ya no podía parar, hacer peticiones, devolver favores… y superé niveles y más niveles con la grimosa protagonista del juego.

Y llegué al final, un escueto mensaje que me decía que pronto habría nuevos lugares para explorar fue lo único que conseguí, una promesa de que eso no había acabado, que volvería a engancharme, pero ya me daba igual. La batería de móvil me volvía a durar horas, mis dedos habían recuperado la flexibilidad, termine un par de libros y miraba con nostalgia todas las peticiones que iba llegando de jugadores como yo.

Hoy descanso y trato de olvidar que un día volverán los dulces caramelos a amargar mi vida…¡sweeeeeet!”

The End?

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