Lori Meyers: apoteosis en 8 minutos

23 Dic

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“Despierta y haz como si nada te afecta,
no aceptes más sugerencias, renacerán tus ganas de vivir”

Vaya por adelantado que no soy ningún experto en música y mis gustos pueden ser más que discutibles (puedo cambiar de Camarón a Hombres G pasando por Enrique Urquijo y Fun sin despeinarme el pelo que no tengo) pero como cualquiera, tengo mi huequecito para los grupos más o menos independientes (si acaso se siguen llamando así) con titulares fijos como Los Planetas, La Buena Vida, Family (con su único y maravilloso disco), Sidonie y por supuesto Lori Meyers (A Vetusta Morla aún no le he pillado el punto).

Es curioso porque mi primer contacto con el grupo de Granada fue hace muchos años gracias a un compañero de agencia que escribía en el que fue el suplemento alternativo y molón por excelencia, el Tentaciones del País. Sabía mi querencia por los chicos de “Segundo Premio” y pensó que “Viaje de Estudios” (2004) de Lori Meyers me podría gustar: mi resumen de todo a cien una vez escuchado fue “son como Los Planetas pero se entiende cuando cantan” y quedó como un fijo en mi coche. Después llegó “Hostal Pimodan” (2005) que me vino grande y les dejé un poco en el olvido.

Pasaron los años y mis gustos musicales se quedaron un poco encallados con ciertos momentos de lucidez gracias a los consejos de mi estimado Pelu, hasta que de repente apareció Spotify y pude ponerme a rebuscar entre la discografía de muchos grupos y así encontrarme con “Cuando el destino nos alcance” (2010) que paso a ser banda sonora de muchos días y más noches (también “Cronolanea” (2008) que escuchaba cuando no dejaba de darle vueltas al anterior). Y llegamos hasta “Impronta” (2013) que tenía la difícil misión de mejorar al anterior y que contiene temazos para enmarcar.

El sábado tocaba verlos en La Riviera y desde el primer momento no defraudaron, manteniendo a la gente botando y no dejando tema sin cantar hasta llegar al momentazo “Emborracharme” cuando el pleno delirio de saltos, cae sobre le publico confeti plateado o “lluvia dorada” como me dijo una amiga (momento risas de ambos) y la gente encantada. Después cantarían junto a Anni B Sweet “Despedirse” para calmar los ánimos y llegar a la obligada pausa antes del éxtasis colectivo que estaba por llegar.

Se acercaba el final y estábamos divididos entre los que esperaban “Mi realidad” y los que necesitábamos “¿A-ha han vuelto?” así que para dejarnos contentos a ambos sectores, tocaron las dos como si de una sola se tratase y ahí, durante esos ocho minutos, creo que salte como si hubiese nacido en el 83 o el concierto hubiese sido en el 2003: 10 años menos que volaron mientras nos desgañitábamos como si nos fuese la vida en ello. Increíble.

Una vez recuperados un poco y para dejarnos aún mejor sabor de boca se despidieron con un particular villancico (¡¡“La caza” de Juan y Junior!!) que nos dejó con la sonrisa fija para toda la noche y su música resonando en nuestras cabezas y tarareando temas antes de dormir como si fuesen una estupenda nana.

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