Omnipresencia gastronómica

26 Sep

el plato omnipresente

omnipresencia.

(Del lat. omnis, todo, y praesentĭa, presencia).

1. f. Presencia a la vez en todas partes, en realidad condición solo de Dios.

gastronómico, ca.

1. adj. Perteneciente o relativo a la gastronomía.

Es como si estuviese prohibida la existencia de una carta de un restaurante sin cualquiera de ellos, como si la no presencia de un cartel ofreciéndolos estuviese penado, son productos con un apellido muy reconocible que generalmente garantizan su calidad pero no su omnipresencia. Tienen el nombre y el precio, pero muchos se inventan el apellido para colarte gato por liebre (¿o sería mejor decir gato espeluchado por gato de angora?).

Anchoas de ¿Santoña?

Si has estado en este pueblo pesquero de Cantabria sabes el amor que se procesa a este producto, pescado en ese mar frío y con personalidad que es el Cantábrico. Las reconocerás en la carta por lo único que guarda relación con el producto original: su elevado precio. Respecto a esas espinas que son como agujas que te atraviesan el paladar, ese sabor salado que encoge la papilas y cierra las pupilas, recomendamos agua y miga de pan para pasar mejor el trago y unas pinzas para quitarte el pelo enquistado.

Morcilla de ¿Burgos?

¿Cuánto cerdos deberían morir al día para conseguir su presencia en absolutamente todos los bares de España? Su piel suele estar chiclosa e incluso en alguno casos ¿para que diantres le vamos a poner arroz si no nos gusta? pues eso, que no tenga.

Miguelitos de la ¿Roda?

Este dulce que durante mucho tiempo ha llenado el maletero del coche de mis amigos en nuestras escapadas a Albacete, pasa de ser un hojaldre crujiente y llenarte los dedos de azúcar a convertirse en un milhojas reseco capaz de secar un café con leche en tiempo récord.

Piononos de ¿Santa Fe?

Siempre da un punto muy a favor de los golosos la inclusión de este dulce justo al final de la carta, esa tentación para llenar ese pequeño hueco que aún queda después de una buena comida: los buenos se comen en uno o dos mordiscos, los malos te acompañarán en el estómago hasta el día del juicio final para regocijo del demonio.

Atún de ¿Almadraba?

Paso 1: Disfruta de unos días en Cai  y date un homenaje o dos. Paso 2: Deja pasar poco tiempo y pídelo en ese restaurante que va de molón. Paso 3: ¿a qué no es lo mismo?.  Paso 4: paga los veintitantos euros que te van a cobrar por semejante gol.

Pimientos de ¿Padrón?

Unos pican y otros no, unos son de allí y otros muchos no.

Ternera de ¿Kobe?

Cierto que hay en España empresarios visionarios que se dedican a cuidar bueyes Wagyu como si fuesen sus propios hijos y que el resultado podría hacer envidiar al mismísimo emperador de Japón, pero no es menos cierto que su producción y precio es el que es y que no hay carne para tanta minihamburguesa en los locales de La Latina.

No son todos los que están, ni están todos los que son, pero ahí siguen, esperando agazapados en las cartas de los restaurantes a la espera de pelar incautos.

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